Todos lo veían: Black Mirror

Cuando en su momento comenté en Facebook que había comenzado a ver Mr. Robot (comentario que por cierto, puedes leer acá) recuerdo a un par de personas que me decían “Mira Black Mirror“, y esa, fue la primera vez que supe de la serie. De ahí en más, coincidencia o no, comenzaron a aparecer informaciones, principalmente por el estreno de la nueva temporada, lo que hizo que fuera cosa de tiempo para que, justamente, me hiciera el tiempo para ponerme a ver la serie.

A continuación, comentaré mis impresiones luego de haber visto la primera temporada de la serie. No tendrá spoilers, porque la idea es que a partir de lo que leas decidas si te animas a verla o no. Así que tranquilo en ese sentido.

Finalmente, agregar que todas las temporadas de la serie se encuentran disponibles en Netflix, que de hecho, fue lo que me hizo dar el paso a iniciarla.

Una serie antológica

Previamente, algo había leído o escuchado sobre que la serie hablaba de temas relacionados al a tecnología, así que cuando me dispuse a ver el primer episodio supuse que más o menos esa sería la temática. El primer capítulo tiene una propuesta bastante interesante, plantea cosas con lo digital pero también con el arte, algo que no estoy seguro de que sea muy común, así que de cierta manera, cuando terminé, quedé con ganas de saber cómo se seguiría desarrollando la historia.

Y así, como hace tiempo no hacía, decidí ver el capítulo siguiente en seguida … y sorpresa.Comienza el segundo y veo a otros actores, una fotografía completamente distinta. Cabros, hasta se notaba que se desarrollaba años en el futuro. Casi en la mitad del episodio logré aceptar que estaba ante una historia totalmente nueva.

La serie funciona como una antología, ya que agrupa distintas historias que tienen un elemento en común: nuestra relación con la tecnología. El que cada capítulo sea independiente al anterior o al siguiente, no sólo es una de las principales diferencias con respecto a las otras series, sino que también permite disfrutar cada episodio casi como una película; lo que sumado a la poca cantidad que tiene cada temporada (tres, en el caso de la primera) hace que sean muy fáciles de digerir en el tiempo. Por ejemplo, yo vi los dos primeros episodios seguidos, y el tercero casi tres semanas después y no hubo problema de no recordar detalles importantes o acontecimientos presentados previamente. Esto hace que realmente disfrutes la serie, ya que cada capítulo se vuelve una experiencia en sí misma.

Una serie del hoy y del mañana, literalmente.

El primer capítulo podríamos decir fácilmente que transcurriría hoy, mañana o pasado. Mientras que el segundo podría ser algo así como nuestra sociedad en treinta o cincuenta años, y el último, fácilmente, podría presentarnos a la sociedad de los próximos cinco o diez años, sino es menos.

La gracia de todo esto, es que se nos cuentan historias que uno presume que son futuristas por el avance tecnológico, pero si le quitamos ese elemento, estamos ante situaciones que son más comunes de lo que se piensa. Esto se debe a que no nos presentan un futuro con muchos colores como en Volver al Futuro o una sociedad distópicamente oscura como en Los Juego del Hambre, simplemente, estamos ante personas que actúan, y se comportan, de acuerdo a las posibilidades que la tecnología les va permitiendo.

Todo esto, hace que nos encontremos ante una serie que alcanza un nivel de impacto tal, que rosa lo bizarro. Bizarro porque sabes que lo que estás viendo es algo perfectamente posible y que lo peor, es que no estamos tan lejanos de que ocurra. No vemos autos voladores o robots gigantes, pero sí se nos presentan, por ejemplo, dispositivos que graban todo tu día y te permiten verlo cuando quieras y proyectarlo donde quieras. Básicamente, un Facebook en video.

El efecto espejo

Como ya dije antes, la serie utiliza una recursos que buscan provocar la mayor cercanía e identificación con lo que se está contando. Una fotografía precisa para el contexto de cada historia, diálogos que van presentando la reflexión que los autores buscan generar y acontecimientos que están llenos de significado, logran generar el efecto de saber que estás viendo cualquier momento de tu vida o la de tus conocidos. Ver Black Mirror es desdoblarse y observar un día cualquiera de nuestras vidas.

Por lo anterior, no se genera la relación ficción-espectador en que se cuestiona si lo que se te presenta es real o no, sino que se te lleva a una reflexión mayor: lo que estamos viendo ficción, pero también es posible, muy posible; y eso, es mucho más aterrador. 

Finalmente, es importante decir que la serie está tan bien escrita, que no cae en la demonización de la tecnología. Los avances digitales son elementos mínimos, pero centrales. Lo que ocurre es consecuencia de las decisiones de las personas a partir de la tecnología que tienen disponible.

Black Mirror es una de esas series que te pega fuerte y te deja reflexionando. A veces te asusta lo que descubres, y te asusta lo que te lleva a preguntarte. Pero también te recuerda que la tecnología simplemente es. No es buena. No es mala. Sólo es.

Por esta razón, luego de verla siempre es bueno hacerse una pregunta muy importante en nuestros días:

¿Cuál es mi relación con la tecnología?

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